jueves, 1 de noviembre de 2012

Capítulo 2:Explorar territorio enemigo -que miedo-

-¿Qué haces tú aquí?
-Eso mismo me pregunto yo.
-Yo llevo más tiempo que tu aquí, igualada.
-No, yo me preguntaba: ¿qué hago yo aquí?
-Suspiro- Pidamos un cambio.
-No podría estar más de acuerdo.
-Pero ahora, es muy tarde y no nos harán caso.
-Es verdad, ¿pero Nathaniel no duerme aquí?
-No, solo yo.

"¡Ups! Puede que haya metido la pata hasta el fondo... Y puede que se haya dado cuenta de mi culpabilidad, es que mi cara es como un libro abierto"

-No pasa nada, tampoco es para tanto.
-Lo siento.
-¿Y ahora para qué te disculpas?
-Por que tienes que aguantarme como mínimo hoy.
-Si, yo también.
Se hizo un silencio sepulcral e incómodo. Ahora que me doy cuenta, deberíamos dormir juntas, al menos por esa noche, y yo no sabía si podría coger el sueño.

-Solamente una condición.
-¿Cuál?
-Éste -señala su cama y todo su alrededor, que era casi toda la habitación- es mi sitio, mi hábitat, mi espacio. ¿Entendido? Tú quédate en tu lado. -señala el sofá y la puerta.

Mis maletas quedaron esparcidas cerca del sofá, y aunque yo intenté replicar por que había una litera, pero la señorita tenía  la de arriba ocupada con trastos, por tanto, solo el sofá estaba libre. La noche se me hizo eterna, se me clavaba alguna cosa en la espalda y no me cabían los pies. Intenté dormir, pero fue imposible por dos cosas: la incomodidad -obviamente- y por que la princesita ronca. Si, aunque parezca imposible, ronca. Pero no un ronquido suave, y que a algunos chicos incluso les parece mono, no, es un ronquido brutal, parecía que se fuera a caer toda la habitación en cualquier momento. Hasta la costa japonesa durante un terremoto con tsunami incluido y con una explosión simultánea de todas las centrales nucleares era más seguro que estar bajo el mismo techo que Ámber. En aquellos momentos de solitud mental regresaron a mí recuerdos de mi infancia, momentos agradables,otros no tanto, y otros, otros que si los olvidaba para siempre, mejor. Uno de estos recuerdos era el motivo de mi llegada al ese instituto, todo fue culpa de él, mi padrastro. De repente, ese recuerdo hizo que me estremeciera de asco y una lágrima de rabia rodó por mis mejillas y cayó al sofá. "Basta" me dije. "Eso solo me va a hacer daño, ahora debo descansar". Como si el dormir fuese a curar mis heridas. Miré el reloj. Las 5 de la madrugada. Si no dormía un poco, al día siguiente no podría rendir bien.

-Si no te levantas, no podré sacarte de aquí.
-Eh.. -aún medio dormida.
-Vamos, ¡espabila!
-Entendido, ahora me levanto.

Me duché lo más rápido posible, y en cuanto estuve lista me reuní con Ámber fuera de la habitación, y nos dirigimos a hablar con Nathaniel.

-Vaya, parece que hubo un error con las habitaciones. Ámber, deberás cambiar de planta, es el mismo número de habitación, solo que más arriba.
-¿Qué? ¡Si la nueva es ella!
-Lo siento, la directora así lo dijo.
-Vaya -me mira- ¿Cómo  has podido?
-Yo no he hecho nada.
-Esa habitación es la más cara de todas, es imposible que nadie pueda pagarla. Mi familia es la más rica de Barcelona.
-...
-¿No respondes?
-Calla ya Ámber. -se dirige hacia mí- En cuanto mi hermana retire sus cosas, podrás ocupar tu habitación.-se va con su hermana.
-...

Fui a darme una vuelta por el patio. Me escondí en un jardín, no había nadie. Entonces, sentada entre dos arbustos que me daban una sensación de protección, me puse a llorar hasta que mi corazón dejara de doler, hasta que me desahogara, pero sin que nadie lo supiera.

-Eh, ¿te han admitido? -pausa- ¿Qué te pasa?
-Eh, nada, no dormí bien, por lo de la inscripción, está todo resuelto, me quedo.
-Bien, pero me parece raro que alguien llore por no dormir.
-Sí, soy rara.
-Se nota.
-¿Eso es bueno?
-Es especial.

Esas dos palabras hicieron que mi corazón dejara de doler y se llenase de alegría, tanta, que dos pequeñas lágrimas de felicidad se escaparon.

-¿Quieres dejar de llorar?
-Es de felicidad.
-Tonta -se ríe.
-¡No te rías de mí! -le doy una colleja.
-¡A que te doy!
-Me río- ¡Atrápame si puedes!
-¡Ven aquí!





~Fin del capítulo 2

No hay comentarios:

Publicar un comentario